SARAH MORENO el Nuevo Herald

Cuando mañana viernes abra la XI Bienal de La Habana, una instalación de 75 bicicletas recibirá al visitante en el edificio dedicado al arte universal del Museo de Bellas Artes, ubicado en el antiguo Centro Asturiano.

La obra Forever Bicycles, realizada por el artista chino Ai Weiwei, conocido activista por la libertad de expresión en su país, tendrá un significado especial para muchos cubanos que fueron testigos de cómo las bicicletas chinas de la marca Forever se convirtieron en el medio de transporte fundamental en la isla en la década de 1990.

Esta instalación es parte de la muestra Una mirada múltiple, 80 piezas pertenecientes a la colección de arte contemporáneo de Ella Fontanals-Cisneros que se han trasladado de Miami a La Habana para participar en dicha Bienal. Por primera vez la colección se exhibe fuera del edificio de la Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO), en el downtown de esta ciudad..

“Esta exhibición representa un cambio; es algo que no se había hecho antes”, expresó Fontanals-Cisneros, en conversación telefónica hace unos días desde la isla. “Quiero ofrecer una ventana al mundo a los cubanos”, añadió, expresando su deseo de compartir la experiencia que ha ganado en el mundo del arte desde que comenzó a reunir su colección en los años 70.

En la actualidad mujer de negocios y patrocinadora de las artes, Fontanals-Cisneros abandonó Cuba junto a sus padres en 1961, a los 14 años, para reunirse con una hermana que vivía en Venezuela. “Crecí como venezolana y nunca me sentí exiliada”, reconoció Fontanals-Cisneros, que estuvo casada durante tres décadas con el empresario Oswaldo Cisneros, miembro de la acaudalada familia venezolana.

En Caracas, Fontanals-Cisneros desarrolló una intensa actividad como empresaria que la llevó a abrir cinco librerías y una galería de arte, hasta que en el 2002 creó en Miami la fundación CIFO, que tiene en la actualidad una rama europea, cuya sede radica en Madrid. Es justamente CIFO Europa la entidad que organizó la muestra Una mirada múltiple. Selecciones de la Colección Ella Fontanals-Cisneros.

“Siempre fui muy creativa y quise ser pintora. En el 2007 decidí dedicarme exclusivamente al mundo artístico”, apuntó Fontanals-Cisneros, quien después de 20 años sin regresar a Cuba, volvió en la década de 1980 para visitar a su hermano, José Fontanals Pérez, ex directivo del Banco Nacional de Cuba. Posteriormente, en cada nuevo viaje la coleccionista aprovechó para establecer contactos con personas relacionadas con el mundo del arte en la isla.

“Me encontré con obras de Loló Soldevilla que me gustaron y las compré. Luego empecé a hacer investigaciones sobre los artistas de finales de los 50 y 60, para incluirlos en mi colección de arte latinoamericano”, contó Fontanals-Cisneros, reconociendo que actualmente pasa mucho tiempo en Cuba, aunque mantiene su residencia entre Suiza y España, país del que tiene nacionalidad.

Fue por invitación de la directora del Museo de Bellas Artes de La Habana, Moraima Clavijo, que decidió llevar su colección a la isla. “Al principio me costó decidirme porque no sabía los requerimientos para traer el arte a Cuba. Tampoco sabía si iban a existir las condiciones climáticas [para almacenarlo]”, contó Fontanals-Cisneros desde la capital cubana, indicando que no le pusieron trabas burocráticas, pero sí enfrentaron algunas carencias a la hora de montar la exposición.

Por su parte, el curador de la muestra, el cubano Osbel Suárez, que reside en España y ha desarrollado toda su carrera en instituciones como el Museo Reina Sofía de Madrid, del que fue curador de arte latinoamericano desde el 1991 hasta el 2008, confirmó el apoyo de las autoridades del Museo de Bellas Artes.

“Sería injusto decir que no he encontrado facilidades y apertura. Hasta la fecha no tengo quejas”, dijo Suárez, quien se graduó de Historia del Arte en la Universidad de La Habana en el 1994 y esta es la primera ocasión en que trabaja en la isla.

“En un momento determinado, cuando me planteé incluir la pieza de Ai Weiwei [ Forever Bicycles], pensé que no la iban a admitir”, contó Suárez, indicando que la obra en sí misma es controversial por su carácter simbólico tanto para China como para Cuba.

“La isla estuvo invadida de bicicletas de la marca Forever”, precisó Suárez, indicando que, por otra parte, en el contexto chino la instalación presenta el contraste entre la tradición y la modernidad, la sustitución de las bicicletas por las motos.

Suárez señaló que Una mirada múltiple plantea “un recorrido curatorial que no implica un principio y un final lógico, sino más bien propone núcleos temáticos que se comunican entre sí”. Uno de esos núcleos se dedica a la fotografía, el video y la instalación; otro, a grandes maestros contemporáneos, representados con obras de Marina Abramovic, Vito Acconci, John Baldessari y Olafur Eliasson, entre otros.

La sección titulada Outside Cuba aborda la obra de artistas cubanoamericanos como los fallecidos Félix González-Torres y Ana Mendieta, de quien se incluye una amplia selección de fotografía y video. También se refleja el trabajo de otros creadores que residen en Miami como María Martínez Cañas y Leyden Rodríguez Casanova y, por último, una instalación de Jorge Pardo, que vive en Los Angeles, y presenta además en la Bienal un show unipersonal.

El núcleo más amplio de la exposición está dedicado a importantes artistas latinoamericanos contemporáneos como los argentinos Guillermo Kuitca y Liliana Porter, el venezolano Eugenio Espinoza y la costarricense Priscilla Monge, entre otros.

“Muchos de estos artistas han estado en anteriores bienales en La Habana”, informó Suárez, mientras montaba una pieza de la venezolana Carla Arocha. El curador estará presente el sábado junto a Fontanals-Cisneros en la inauguración de Una mirada…

En cuanto al recibimiento que ha tenido en Miami la idea de la exhibición en la isla, Fontanals-Cisneros dijo haber contado con el apoyo de gran parte de la comunidad artística de esta ciudad. “Para mi sorpresa, me han dicho que les parece magnífico los puentes que se pueden tender a través del arte”, reconoció la coleccionista, que dice haber encontrado en La Habana a coleccionistas de todo el mundo que van a comprar arte cubano.

El galerista cubano Ramón Cernuda, dueño de Cernuda Arte en Coral Gables, especializado en arte cubano de antes y contemporáneo, confirmó su apoyo a este tipo de intercambio en beneficio de la cultura cubana, y felicitó a todos los que contribuyeron a que se diera este “primer paso”.

Aun así, pidió “que el intercambio no sea sólo de artistas cubanos que viven allá y viajan a Estados Unidos y de una colección de Estados Unidos hacia La Habana, sino que sea de doble vía y que los artistas de la diáspora sean invitados a exhibir en Cuba” y aseguró que se le ha negado en nueve ocasiones el permiso para entrar a Cuba.

“Después de 52 años fuera de Cuba he aprendido a tener paciencia, y espero que este asunto también se resuelva”, declaró el galerista, quien añadió que el arte no está sujeto a la ley del embargo de Estados Unidos hacia la isla porque constituye un medio de información.

Por su parte, el galerista Jorge Sorí, propietario de la galería Jorge M. Sorí, en Coral Gables, expresó su “curiosidad” acerca de la Bienal como espectador y amante del arte, pero confirmó no tener intenciones de asistir. “En términos políticos, estoy opuesto al régimen. Mi familia salió de Cuba en los años 60, y un tío materno, Pedro Ruiz, fue fusilado cuando Bahía de Cochinos”, contó Sorí.

“En Cuba hay artistas que están muy vinculados con el régimen, viajan y se benefician, y hay otros muy buenos que no están favorecidos y por lo tanto no tienen oportunidades”, apuntó Sorí.

Por su parte Fontanals-Cisneros expresó que “en Cuba existe una generación de artistas muy creativos, que hacen muchas cosas con sus manos debido a las carencias”.

“No estoy pensando hacer inversiones ni tengo propiedades en Cuba”, negó Fontanals-Cisneros acerca de si tenía planes de restaurar una residencia en La Habana. Su estancia en la isla le ha permitido reencontrarse con sus raíces y con su niñez, afirmó.

“Creo que cada uno de nosotros en su medio, en lo que sabe hacer, puede ayudar a tender ese puente para que la gente se una”, expresó sobre la posible influencia de los cubanoamericanos sobre los cambios en Cuba. “Debemos darle una oportunidad a las cosas nuevas”, añadió, reconociendo que “en Cuba no ha tenido nada que ver con política y, por lo tanto, la política no se ha metido conmigo”.

La XI Bienal de La Habana se extenderá hasta el 11 de junio y expondrá la obra de 180 artistas plásticos de 43 países en la sede principal del Museo de Bellas Artes, en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, el centro Alejo Carpentier, el Castillo de la Fuerza, el Gran Teatro de La Habana, el teatro Fausto y el cine Payret, entre otros edificios y espacios al aire libre como el malecón habanero.

También se celebrarán numerosas exposiciones colaterales de artistas cubanos como Puentes, de Sandra Ramos; una muestra personal de Abel Barroso; Las cabezas, performance de Manuel Mendive; además de varias colectivas como Las metáforas del cambio y HB, con una nómina de artistas que incluye a Los Carpinteros, Marta María Pérez, Felipe Dulzaides, Alexandre Arrechea y Carlos Garaicoa.

De Estados Unidos han solicitado permiso para asistir a la Bienal 1,300 personas, según dijo a AP Jorge del Valle, director del Consejo de las Artes Plásticas de Cuba.

Una mirada múltiple. Selecciones de la Colección Ella Fontanals-Cisneros estará abierta al público hasta el 20 de agosto.

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The date is fast approaching! The grand opening for Una Mirada Multiple, Selections from the Ella Fontanals- Cisneros Collection is scheduled for Saturday May 12, 2012. Members from the CIFO staff have been working around the clock to ensure a flawless exhibition. We have been documenting the transformation of the space in Havana; take a look at the installation images that have recently been sent to us!

By Celeste Fraser Delgado
Special to The Miami Herald

Approval from the U.S. Department of the Treasury might be required to see the next exhibit of works from the collection of Ella Fontanal-Cisneros. That’s because the Miami-based collector will be presenting an official exhibition at the 11th Havana Biennial, which runs from May 11 through June 11.

U.S. citizens are not legally permitted to travel to Cuba simply to see an art exhibit, or to participate in any other tourist activities. So a number of art aficionados will make the trek from Miami under a special provision for “people-to-people exchange.” While they’re there, they may also happen to see the first exhibit at the Havana Biennial sponsored by an American collector.

Make that a Cuban-American collector. Cisneros left her native Cuba for Venezuela at age 14, before settling in Miami. She began collecting art in the 1970s and has amassed one of the largest and most respected collections of contemporary art in the world. In 2002, she established the Cisneros Fontanal Art Foundation. CIFO regularly presents contemporary art at the foundation’s exhibit space in downtown Miami. The Havana Biennial will be the first time CIFO has shown any work outside of South Florida.

Titled Miradas Cruzadas (Exchanging Glances), the exhibit will show works by more than 60 of the world’s most important contemporary artists, including John Baldessari, Damien Hirst, Jenny Holzer, Barbara Kruger and Shirin Neshat. Miradas Cruzadas will be given pride of place at the Biennial’s central venue, occupying two salons and the lobby of the Museo de Bellas Artes.

“I’ve been preparing for over a year,” Cisneros said over a crackling connection from Havana. “Apart from the logistics of bringing over all the artwork, which is complicated, there is the curating and mounting of the exhibit, with a thousand little details. Then there is a big group of friends coming, so that takes a lot of time to plan.”

Why is Cisneros going to all the trouble? Especially after spending most of her adult life in Miami, where the idea of returning to the island under Castro has been anathema to many in the exile community?

“It’s a historic moment in Cuba,” Cisneros observes. “Things have changed. Things are changing. We have to see in a new way, with a new vision. Most important, the art in this country is incredible.”

Things may have changed in Miami, as well. Though Cisneros’ participation in the Havana Biennial is highlighted in the official event website, and an article on the exhibit appeared in the Wall Street Journal earlier this year, there has so far been no public outcry by anti-Castro protestors. That’s not surprising to Susan Caraballo, artistic director of Art Center South Florida, who presented a project with artist Julie Kahn as an official activity during the 2006 Havana Biennial.

There was no political reaction in Miami to the artists’ participation. “At that point, people were sort of done with the whole Cuba issue,” Caraballo recalls, remembering how in 1999 there were protests against Cuban musicians performing in Miami. “We had gone past Los Van Van and all the outrages of that time.” Now, Caraballo observes, artists based on the island regularly exhibit at fairs and galleries in Miami, “and nobody’s batting an eye about it.”

Yet the artwork in the Cisneros’ exhibit is certainly eye popping. Curator Osbel Suarez explained some of his choices over the phone from Istanbul, where he was working with another collector. Born in Cuba, where he completed a degree in art history before leaving for a career in Spain, Suarez remembers the years after a transportation crisis when the streets of Havana were flooded with the Chinese-made brand, Forever Bicycles. So he decided to place a massive installation in the central hallway of the Museum of Bellas Artes called Forever Bicycles, made up of 1,200 of those bicycles stacked together, by Chinese artist Ai Wei Wei.

“The piece reveals all the tensions between tradition and modernity,” Suarez explains. “The bicycle in China is being replaced by the automobile, in an imitation of the Western model of progress.”

Viewers might also mull over the fact that Ai Wei Wei is a dissident artist who has been forbidden to travel by another communist state.

In another section of the exhibit, called “Outside Cuba,” those Cuban viewers who have never had the chance to leave the island will be given a first opportunity to see work by many prominent Cuban-born artists who made their names in the United States, including Jorge Pardo, Ana Mendieta and Felix Torres-Gonzalez.

Getting permission from the Cuban authorities to allow CIFO to participate in the Biennial took a long time. Still Suarez insists there was no interference with his curatorial decisions. “There were no conditions,” he says. “I had absolute liberty, as much from CIFO as from Cuba. There was not the slightest intrusion.”

Certainly, the funding that Cisneros brought with her exhibit was more than welcome. The Cuban government does not have the same resources as, say, the organizers of the annual Art Basel Miami fair or the many other biennials on the global art circuit, in more prosperous places like Venice and Shanghai. In fact, the Havana Biennial might better be called the Havana Triennial, since financial difficulties have frequently required the event to be held every three years.

Nevertheless, Cisneros predicts, “Even practically scraped together by their fingernails, the Biennial in Cuba this year will be wonderful. They’ve done marvels with what they have. I hope lots of people from Miami will come.”

A recent change in U.S. policy regarding travel to Cuba makes it more likely that more people will. Though travel to Cuba has been restricted for U.S. citizens for nearly 50 years, during the Clinton administration, allowances were made for “people-to-people exchanges” — travel to the island where U.S. citizens engage in what is considered “meaningful exchanges” with regular Cuban people, meaning Cubans who are not Communist Party members or government officials. Those exchanges were prohibited by the Bush administration in 2003. Then in January 2011 the White House restored people-to-people exchanges, a change that was implemented by the U.S. Treasury in April 2011.

Since then, roughly 130 organizations have obtained the travel licenses, which are good for unlimited trips over the course of one year. But, according to Jeff Braunger, manager of the Cuba Travel Licensing Program for the Treasury’s Office of Foreign Assets Control, that doesn’t mean Americans can just up and go to the Havana Biennial.

“We don’t license people to go down just to attend an event. We don’t license tourism,” Braunger clarifies. “We license people-to-people exchanges that involve a full-time schedule of meaningful interaction with the Cuban people. The full-time schedule may involve an activity at an art exhibit or event, as long as it involves meaningful interaction with the Cuban people.”

That may be why Geo Darder insists that when he takes a group to Havana from May 10 through 17, “It’s not going to the Biennial. These are people-to-people programs that deal with artists.”

A Cuban American, Darder first traveled to the island in 1994, when a film he made was screened at the Havana Film Festival. For the past 10 years, he has lead groups on cultural tours to many countries in Latin America, including Cuba. The May trip will be the first to Havana led by his newly formed Copperbridge Foundation.

Offered by invitation only, the Copperbridge trips cost roughly $3,500 to $4,000 per person for the seven-day trip, including a Cuban visa, meals, lodging and health insurance. According to the group’s itinerary, Day three is dedicated to the Havana Biennial, including the opening of the Cisneros Collection at the Museum of Fine Arts. On other days, the group will also tour the Wilfredo Lam Center of Contemporary Art, which hosts the Biennial, and will visit the studios of Cuban artists, as well as exploring what Darder calls “community projects” such as an exhibit called “Atras del Muro” (Behind the Wall) that will be set up along the Malécon, Havana’s historic sea wall.

Unlike Darder, Beth Boone has no qualms about saying that she is traveling to the Havana Biennial with what she calls “an eclectic group of cultural people.” She is the artistic and executive director of the Miami Light Project, a nonprofit organization that presents live performances in South Florida. Last August, soon after the travel restrictions eased, Miami Light sponsored a trip by local Cuban American choreographer Rosie Herrera. For the Biennial, they’ll be sponsoring a trip by another Cuban American choreographer, Ana Mendez, who will accompany a group of the organization’s supporters and board members, who will be paying their own way.

“The artists we’ve traveled with to Cuba and brought from Havana to here have had extraordinary opportunities to know first hand and form their own opinions of the thoughts and experiences of artists in the other communities,” Boone explains.

During Miami Light’s first trip to the Havana Biennial, the group will visit independent artists as well. Boone says, “We will go to artists’ studios, which are in their very modest homes, and have a meal with them and see what it’s like to live in a place where it’s a challenge to get the materials they need.”

The Miami Light trip has been arranged by Puentes Cubanas (Cuban Bridges), a licensed organization that began offering such exchanges before the program was suspended in 2003 and resumed them in the past year. Puentes Cubanas led the trip in 2002 that introduced independent curator Elizabeth Cerejido to artists living on the island. Born in Cuba and raised in Miami, Cerejido has since become an authority on Cuban and Cuban American art. She also serves on the CIFO advisory board.

Surveying the work included in Cisneros’ exhibit, Cerejido notes, “the presence of Cuban artists living outside of Cuba in this Biennial marks a shift in attitude [in the Cuban art world].” But she says that the relationship among different generations of Cuban artists inside and outside Cuba is still misunderstood. Cerejido is also skeptical about reading too much into the prominence of Forever Bicycles in the show. “It’s a game that both artists and the government play,” she explains. “In the case of the Wei Wei installation, the government appears to be saying ‘See, we have no problem exhibiting art by a dissident artist.’ By doing so the power of its intended message is lessened.”

This year, the people who attend the Biennial may be as meaningful as the art. At the Tenth Havana Biennial, in 2009, Cerejido recalls, she saw only a handful of Miami-based artists, collectors and museum representatives. The change in U.S. policy may allow more American art aficionados to attend this year.

Yet Cerejido says Cisneros’ exhibition in Havana has significance that goes beyond people-to-people exchange. “To the best of my knowledge,” she says of CIFO’s participation in the Biennial, “this is the first time an institution in Miami has cultivated a working professional relationship with another institution in Cuba.”

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Miami— New World School of the Arts [NWSA] presents “THRU”, – the 2012 BFA candidates’ visual arts exhibition. The 25 BFA candidates of 2012 have created cutting edge, new contemporary artworks for the show ranging from painting, photography, video art, animation, sculpture, graphic design,printmaking and digital media. An interactive exhibition, the show offers the audience the opportunity to become subjects in the artwork by inviting them to interact on a personal level.

Graciously sponsored by Northern Trust, the opening reception is on Saturday, April 14, 7:00 pm -10:00 pm. Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO),1018 N. Miami Avenue Miami, FL 33136. The exhibition is free and open to the public and it will remain open through Sunday, April 29, 2011. Exhibition Hours: Thursday 12-9pm, Friday-Sunday 12-5pm.

“The work of our graduates is both compelling and innovative. They are constantly taking creative risks to take their work to a new level” stated Maggy Cuesta, dean of visual arts at NWSA. “This show in particular is full of surprises designed to draw the audience into the artwork. From a rock-climbing wall comprised of four larger-than-life paintings, to a set reminiscent of a dilapidated world, to a video installation where guests become active participants as well as the background – as technology fuses with its environment to create a unique piece of art – THRU is without a doubt an extraordinary display of innovative artistry.”

NWSA has fostered a legacy of graduates that excel in the visual arts, becoming prestigious figures in both the local and international art world. Participating in Art Basel and the Venice Biennale, their works are acquired by renowned collectors.

2012 Exhibiting BFA Artists include: Diego Alegre, Dona Altemus, Miguel Alvariño, Adriana Assera, Barbara Bollini, Joseph Baum, Steven Baum, Chad Cunha, Leanne Gardner, Diana Garcia, Godfrey Hibbert, Niuvus Martin, Michael Matamoros, Julio Miranda, Johann Muñoz, JustinNuñez, Sabetty Patterson, Jessica Ramos, Stephanie Redondo, Renata Rojo, Magnus Sodamin, Monica Tabora, Alfredo Useche, Vasessa Vallejo, Victor Velasquez.

CIFO, the Cisneros Fontanals Art Foundation, is a non-profit organization founded in 2002 by Ella Fontanals-Cisneros and her family, to foster cultural and educational exchange among the visual arts. In six years CIFO has become a dynamic institution promoting cultural exchange through its exhibitions and events.

About NWSA: A Florida center of excellence in the visual and performing arts, NWSA provides a comprehensive program of artistic, creative and academic development through a curriculum that reflects the rich multicultural state of Florida. With programs accredited by the National Association of Schools of Art, Dance, Music and Theater, NWSA offers four-year BFA and BM college degrees, as well as the high school diploma. Through its rigorous curriculum and conservatory-style teaching NWSA empowers its students to become leaders in the arts. At New World School of the Arts, visual arts students are able to explore and develop their personal artistic and aesthetic vision while being guided by a dynamic and distinguished faculty who are all practicing artists. Through disciplined training in traditional and new media, students also develop new skills and refine others while gaining invaluable understanding of the roles of art and design in society. Areas of concentration in visual arts include Drawing, Electronic Media, Graphic Design, Painting, Photography, Printmaking, and Sculpture.

New World School of the Arts (NWSA) was created by the Florida Legislature as a center of excellence in the performing and visual arts, is an educational partnership of Miami Dade County Public Schools, Miami Dade College and the University of Florida.

Further information regarding NWSA’s Visual Arts Program Information about THRU is available at is available by calling (305) 237-3649, or at nwsa.mdc.edu or link: http://bit.ly/HxsMLx.

For CIFO information call: 305-455-3380 or visit our (Interact) CIFO Blog in our website, www.CIFO.org.

Republicado de la publicación: esferapública

Publicado por on Mar 21st, 2012 en el tema desacuerdos, comunidad artística y prácticas institucionales.

Quiero comenzar esto con dos afirmaciones pedantes y negativas. Una es que el proceso de educación de los artistas en el día de hoy es un fraude. La otra es que las definiciones que se utilizan hoy para el arte funcionan en contra de la gente y no a su favor.

La parte del fraude está en la consideración disciplinaria del arte, que lo define como un medio de producción. Esto lleva a dos errores:

El primer error es la confusión de la creación con la práctica de las artesanías que le dan cuerpo. El otro error es la promesa, por implicancia, que un diploma en  arte conducirá a la posterior supervivencia económica.

La educación formal del artista sufre de las mismas nociones que imperan en las otras disciplinas: que la información técnica sirve para formar al profesional y que después de adquirir esta información uno podrá mantener una familia. En los Estados Unidos, en donde la educación no es un derecho sino un producto comercial de consumo, esta situación es llevada al nivel de caricatura obscena. La inversión económica para recibir el diploma final de maestría, el Master of Fine Arts, en una universidad decente es de unos 200.000 dólares. Al final de este gasto, la esperanza es vender la obra producida o enseñar a las generaciones venideras. Aun si esto no es literalmente así en otros países, el concepto probablemente funciona en todo el mundo.

En los 35 años que estuve enseñando a nivel universitario en los EEUU, probablemente tuve contacto con alrededor de 5000 estudiantes. De ellos calculo que un 10%, unos 500, tenían la esperanza de lograr el éxito a través de muestras en el circuito de galerías. Quizás una veintena de ellos lo haya logrado. Esto significa que 480 terminaron con la esperanza de vivir de la enseñaza. No sé cuantos lograron conseguir un puesto de profesor. Pero sí puedo sacar la cuenta que si 5000 estudiantes fueron necesarios para asegurar mi salario y luego mi bienvenida jubilación, esos 480 estudiantes necesitan una base estudiantil de 240.000 para sobrevivir. Y si seguimos el cálculo hacia las generaciones siguientes, rápidamente llegaremos al infinito.

La definición del arte es otro problema. Me gusta pensar que cuando se inventó el arte como la cosa que hoy aceptamos que es, no fue como un medio de producción sino como una forma de expandir el conocimiento. Me imagino que sucedió por accidente, que alguien formalizó una experiencia fenomenal que no encajaba en ninguna categoría conocida, y que eligieron la palabra “arte” para darle un nombre.

El problema que surgió al darle un nombre  al arte es que nuestra profesión fue instantáneamente reificada — convertida en un objeto que ya no se puede cambiar. Desde ese momento en adelante ya no pudimos formalizar nuestras experiencias de lo desconocido, y en su lugar pasamos a intentar acomodar nuestra producción a esa palabra, la palabra arte. De esa manera lo que inicialmente había sido “arte como una actitud” pasó a ser “arte como una disciplina”, y peor aún, “arte como una forma de producción”. La forma, que inicialmente había sido una consecuencia de la necesidad de empacar una experiencia, ahora pasó a ocupar el lugar del producto.

Hace no mucho me encontré con una cita que ilustra el problema: “Cada palabra alguna vez fue un poema.” Es de Ralph Waldo Emerson, un autor a quien nunca le había puesto la más mínima atención porque, irónicamente, pensaba que solamente trabajaba con palabras.

El mercado capitalista nos enseña que si un objeto puede ser vendido como arte, es arte. Esta descripción, culturalmente cínica, obscurece una realidad mucho más profunda. Esta realidad es que el propietario del contexto último de la obra de arte determina su destino y su función. La propiedad del contexto, que es una de las formalizaciones del poder, es un hecho político. Esa propiedad es tan fuerte que incluso las manifestaciones que son y contienen material subversivos, son rápidamente comercializadas.

Esta comercialización subraya el hecho, aunque muchas veces negado, que la política sea una parte de la definición del arte. Y es como consecuencia de la propiedad del contexto y de esta negación, que la separación de arte y política en entidades discretas, no solamente es reaccionaria y una manera de limitar la libertad del artista, sino que también es una falacia teórica. De manera que sí, todo arte es político, y no, no todo el arte es lo que entendemos como “arte político”.

Arte político en cierta forma significa que subdividimos el pastel del conocimiento en tajadas de tajadas. En un número de la revista Artforum, la artista norteamericana Andrea Fraser enfrentó estos problemas en una forma que me gustó mucho. Definió al arte político de una manera similar a la que yo definiría a todo el arte:

“…Una respuesta es que todo arte es político, el problema es que la mayoría (del arte) es reaccionaria, es decir, pasivamente afirmativo de las relaciones del poder bajo las cuales fue producido…Yo definiría al arte político como el arte que conscientemente se propone intervenir en las relaciones de poder (en lugar de solamente reflexionar sobre ellas), y esto significa necesariamente las relaciones de poder dentro de las cuales el arte existe. Y hay una condición más: Esta intervención tiene que ser el principio organizativo de la obra de arte en todos sus aspectos, no solamente en su “forma” y su “contenido”, sino también en su forma de producción y de circulación.” i

Se puede afirmar que la enseñaza del arte se dedica fundamentalmente a la enseñanza sobre como hacer productos y como funcionar como artista, en lugar de cómo revelar cosas. Es como decir que enfatizamos la caligrafía por encima de los temas sobre los cuales queremos escribir y como vender esas páginas caligrafiadas. Y con ello, bajo el disfraz de lo apolítico o de una política consumida instantáneamente, servimos a una estructura de poder que es totalmente política.

Para peor, enseñar a fabricar productos es algo fácil y cómodo, y por lo pronto una situación en la que se puede caer, quedar y sentirse bien. Pero la información para esta enseñanza es algo existente y es transmitida. Y los procesos de transmisión de información existente se acomodan al modelo de la pedagogía autoritaria. Como ya lo dijo Paulo Freire, el profesor es similar al bancario que tiene y distribuye el dinero de acuerdo a sus criterios. En el salón de clase este dinero es la información. Con esta relación de poder se minimiza toda posibilidad de rebelión.

Para lubricar mejor el proceso en el campo de la enseñanza artística, se declara la imposibilidad de enseñar el como tener ideas. Si el alumno no tiene ideas, es culpa del alumno. Esta negación y culpabilización solamente es posible si uno clasifica a la gente en dos categorías: en genios y en imbéciles. Se elimina la categoría de “normal”. En cierta forma esto presume en mi ejemplo de los 500 estudiantes de los cuales 20 lograron ingresar al circuito de galerías, que estos 20 son los genios y que los otros 480 que piensan en enseñar arte son imbéciles. Y esto explica por que en los Estados Unidos las universidades tratan de contratar como profesores a las estrellas del mercado artístico, no importa cuan malos son como enseñantes.

De hecho, la ideología de esta clasificación va mucho más allá y es bastante cínica con respecto a los resultados. La presunción verdadera que subyace todo esto es que el arte no se puede enseñar. De acuerdo a esta idea, el proceso educacional no es más que un cedazo o filtro que sirve para identificar a los genios, los cuales con suerte emergen gracias a sus facultades personales. La facilitación de esta emergencia de genios era una de las intenciones de la Bauhaus cuando se diseñó el famoso curso de fundación básica. El curso fue luego adoptado por infinidad de instituciones que se consideraron progresistas y modernas. Y no era que los ejercicios fueran malos, era la ideología la que fallaba. La moraleja de todo esto es que los 200.000 dólares en los estudios en Estados Unidos se invierten en el derecho de ser filtrado para dejar lugar a los genios. Las mejores universidades entonces son las que atraen y filtran más genios. Como esos genios en realidad no necesitan de las universidades, éstas venden la fama de sus diplomas y una pedagogía haragana.

Mirando el peor de los casos, se podría justificar el proceso diciendo que aquellos que no logran pasar por el filtro por lo menos aprenden a apreciar y a consumir el arte. Cosa que significa que la carrera del arte está en la situación privilegiada de simultáneamente crear a los productores y a su mercado. Es como educar médicos, pero en donde con la misma inversión de dinero, aquellos que no logran graduarse terminan siendo educados para enfermarse y servir de pacientes.

Enseñar a tener ideas ciertamente requiere bastante más que transmitir información. El profesor tiene que reubicarse y abandonar el monopolio del conocimiento para actuar como estímulo y catalizador, y tiene que poder escuchar y adaptarse a lo que escucha. Además, la generación de ideas y revelaciones es impredecible y por lo tanto corre el peligro constante de ser una actividad subversiva. Lo impredecible no siempre se acomoda al estatus quo. Dado que últimamente los gobiernos decretaron que subversión y terrorismo son sinónimos, ya nadie quiere generar subversión. Sin embargo, la subversión es la base de la expansión del conocimiento. Al expandir, lo subvierte.

La función del buen arte es justamente la de ser subversivo. El buen arte se aventura en el campo de lo desconocido; sacude los paradigmas fosilizados, y juega con especulaciones y conexiones consideradas “ilegales” en el campo del conocimiento disciplinario.  El enfoque que se reduce a la fabricación de productos evita estos temas; se confirman las estructuras existentes y la sociedad permanece calma y embotada. Se genera así lo que me gusta llamar el artevalium.

De acuerdo a todo esto parecería entonces que estoy proponiendo la eliminación de las escuelas de arte y que en su lugar favorezco la creación de laboratorios interdisciplinarios, los cuales a su vez y con suerte incluirían el análisis político.

En cierto modo esto es verdad, pero la cosa no es tan simple. La mayoría de los laboratorios interdisciplinarios, aun si incluyeran la política, se limitan a la transmisión de información interdisciplinaria. O sea que seguimos con la transmisión de información, y no logramos una mejoría demasiado importante. En este caso tenemos una reorganización de la información, pero una que no afecta la metodología o la ideología. Si el arte fuera realmente una actitud y una manera de aproximarse al conocimiento, no importaría realmente en que medio ocurren las ideas y las revelaciones. Lo único que importa es que tienen lugar y que son comunicadas correctamente.

Cuando discuto arte creo en seres politizados, no en programas políticos. Así que no creo que se trate de hacer arte político, sino de politizar a la gente y ayudarles a hacer arte. A fines de la década del sesenta, Paulo Freire resumió esto al escribir que antes de leer la palabra hay que leer el mundo. En otras palabras, que hay que definir una motivación suficientemente fuerte que obligue a la adquisición de un oficio técnico que se pueda aplicar con un propósito.

El único argumento que hoy se puede hacer a favor de un arte que tenga su propio espacio como disciplina es el hecho que el arte puede ser utilizado como un territorio de libertad, un lugar en el cual se puede ejercer la omnipotencia sin el peligro de ocasionar daños irreparables. Es, por lo tanto, una zona en la cual podemos experimentar y analizar los procesos de la toma de decisiones. Es una zona en la cual podemos hacer algo “ilegal” sin el peligro del castigo. Pero aun ahí, en ese campo teóricamente privado, estamos experimentando con el poder. Decidimos lo que hace el material o dejamos que el material decida lo que hacemos. Por lo tanto aun en el campo privado seguimos estando en una situación política.

Si observamos la forma en que el poder se distribuye en nuestra sociedad, todo se reduce a una división entre las decisiones que podemos tomar nosotros y las decisiones que son tomadas en nuestro nombre. Cuando discutimos lo legal como opuesto a lo ilegal, esta división es muy clara. En lo legal a veces coincidimos con la decisión tomada. En lo ilegal, si decidiéramos hacer algo, definitivamente no coincidiremos con la decisión tomada, una decisión que ya fue tomada por otros y fue codificada en leyes o proclamas.

La situación de las decisiones es menos clara cuando no hablamos de leyes y aceptamos las cosas como hechos. Recuerdo mi disgusto cuando llegué a los Estados Unidos y en los restoranes se me servía la ensalada antes del plato principal y no al mismo tiempo como estaba acostumbrado. Una vez cometida esa trasgresión uno puede llegar a extremos de herejía inconcebibles. Por ejemplo uno podría comer el postre primero y terminar la comida con un platito de paté de hígado. La experiencia me llevó a cuestionar el ritual del orden y jerarquía de la comida. Tapé los ojos de mis alumnos con vendas y los llevé a la cafetería. Allí tuvieron que sacar los platos con comida al azar, y luego comerlos en el orden en que los habían sacado. En otro ejercicio agregamos anilinas a la comida para teñirlos a todos del mismo color. Se creó una disonancia casi intolerable entre lo que se veía y su gusto. El puré de papas y la carne en una gama de azules no se veían muy apetecibles.

La disonancia fue una de las guías espirituales de muchos de los ejercicios en mis clases. En uno de ellos tuvieron que entrar en una gran bolsa de plástico inserida en un gran tacho de basura lleno de agua. Se lograba así la sensación de estar sumergido y totalmente mojado, pero se salía completamente seco. No se trataba de identificar el “talento”. Lo que estaba tratando era hacerles entender la diferencia entre la percepción funcional y la percepción estética, que es otra manera de ver las diferencias en la toma y propiedad de las decisiones.

La percepción funcional lubrica nuestras interacciones con otra gente, aquella gente que se mueve en las mismas convenciones y se comporta de acuerdo a decisiones preexistentes y reguladas. Es el sistema que nos mantiene firmemente encerrados dentro de las fronteras de lo conocido y lo predecible. En cambio, idealmente, la percepción estética es posible gracias a una distancia crítica de la percepción funcional. Con la percepción estética podemos ver las cosas como si fuera por primera vez y decidir por nosotros mismos.

Un elemento—y obstáculo—fundamental en la configuración de la toma de decisiones, particularmente cuando hablamos de arte, es el gusto. Entre los estudiantes, el gusto es considerado como un instrumento importantísimo para hacer juicios con respecto a la calidad de lo que producen. Piensan que están ejerciendo su subjetividad y no se dan cuenta que el gusto es una construcción social totalmente sujeta a ideologías colectivas y a la influencia que ejercen sobre la experiencia personal.

Les pedí que hicieran una obra lo más “fea” posible. Trataron de hacerlo, realmente, lo mejor que pudieron. Pero inevitablemente los resultados no llegaban a ser desagradables en sí mismos. Siempre tenían referencias a valores sociales, tales como la repulsión que causan los excrementos fecales, que fue uno de los ejemplos usados con mayor frecuencia. Lo cual a su vez presentaba otro tema: el por qué la ingestión de comida en público es un acto de celebración, mientras que la excreción de comida en público es considerada de mal gusto. Aún si se la ejecuta vestido con un frac. Incluso hay leyes sobre esto último, y el vestirse con frac no exime del delito.

La educación de los artistas, entonces y en mi opinión, consiste de tres pasos en los que el profesor puede actuar de guía y, más importante, de interlocutor: 1) plantear y formular un problema creativo interesante, 2) resolver el problema lo mejor posible, y 3) empacar la solución en la manera más apropiada para expresar y comunicarla.

Este orden de prioridades desmitifica un proceso que generalmente se acepta en un formato irritantemente obscurantista, especialmente cuando se enfatizan la inspiración, la intuición y la emoción. La inspiración parece ser una intuición que flota en el aire y entra por la nariz, así que nadie es culpable de ella y la podemos ignorar. La intuición, que supuestamente viene de adentro, es otra cosa. El rol de la intuición es innegable, pero en el arte su importancia no es más grande que en la filosofía, o posiblemente incluso que en la ciencia. Además solamente intuimos que cosa es la intuición. Nos metemos así en un proceso que puede seguir interminablemente, y que es difícil de separar de la mera asociación de ideas.

Y en cuanto a la expresión emocional, otra de las atribuciones del arte, no tiene una importancia mayor que la que pueda tener una buena confesión u otro material biográfico. Son todas cosas que no hay que descartar, pero que no se deben idolatrar o aceptar como dogmas creativos. Es esta aceptación la que permite que gente aparentemente racional declare que hacer arte no se puede enseñar.  Walter Gropius, el fundador de la Bauhaus era uno de ellos.

En todo esto, lo que importa es el nivel y complejidad del cuestionamiento. El cuestionamiento y la percepción de complejidad se pueden enseñar. Evitar la simplificación, lograr una elegancia de las respuestas y la efectividad de cómo esas respuestas son transmitidas, son todas cosas que se pueden enseñar. Lo que importa es que esa efectividad necesita del empacamiento de la obra, de la forma del envoltorio, para llegar bien al público. Esto tampoco parece algo demasiado difícil de enseñar. Y es aquí donde puede entrar el gusto, como un instrumento para ajustar la apariencia del envoltorio.

Pero enseñar solamente la parte de empacar, el creer que la obra se agota mirando este envoltorio, significa que se están ignorando tanto los verdaderos problemas planteados como también las soluciones que se ofrecen. Es como limitarse a gozar de la musicalidad de mi voz mientras leo esto en voz alta, e ignorar todo lo que estoy diciendo.  Cosa que quizás sea mejor.  Pero es la actitud simplista y enternecedora del niño de dos años que en lugar de abrir el regalo juega con el paquete.

Se podría malentender lo que digo como que quiero una racionalización total del arte y que me gustaría que exista un programa explícito e ilustrativo, un programa capaz solamente de producir órdenes predecibles y productos muertos. Sin embargo esa interpretación ignoraría una cantidad de cosas fundamentales que también pueden y deben ser enseñadas. La más importante probablemente sea que el arte es un lugar en donde se pueden pensar cosas que no son pensables en otros lugares. La otra es que un buen problema artístico no es agotable, que una buena solución tiene reverberaciones, y que una buena comunicación produce muchas más evocaciones que la información que transmite.

También ignoraría que los instrumentos utilizados, más allá del análisis, incluyen la empatía, la simulación, la demagogia y la explotación emocional. Y aun más, ignoraría que la pregunta fundamental que mueve al arte es la de “¿Que pasaría sí…?”, y no “¿Qué cosa es…?” Es en el procesamiento de las evocaciones que en última instancia el arte adquiere su verdadera forma. La tarea del artista es la de crear una estrategia para administrar esas evocaciones.

Mientras que estos temas constituyen el carozo de lo que considero una segunda etapa en la formación del artista, ellos también informan los ejercicios preparatorios en una primera etapa. Por ejemplo, cuando todavía enseñaba, distribuía entre mis estudiantes pedazos de basura que

encontraba en el piso del salón de clase. Les explicaba que no eran fragmentos, sino productos perfectamente terminados que tenían un uso práctico definido dentro de otra cultura. Como ya no existía la función original y verdadera del objeto dentro de nuestra vida convencional (un resto de cigarrillo arrugado, un pedazo de goma mascada, etc.), el estudiante tenía que “deducir” una nueva aplicación. De las especulaciones estaban excluidas el arte, la religión y la decoración, ya que los objetos generados en esas ramas son arbitrarios y sin funcionalidad práctica. Tampoco se podía usar la analogía del cuchillo Swiss Army, que contiene varias herramientas de uso diverso que se pliegan junto a la navaja. Se suponía que el objeto entregado era un diseño perfecto para una aplicación determinada. Por lo tanto la solución mejor era la que lograba utilizar más partes del objeto para una función determinada.

Esta forma de ingeniería en reverso o retroactiva, o de descodificación, también refleja una manera de tratar de entender una obra de arte. Frente a una obra nos enfrentamos a una respuesta de la cual tenemos que deducir cual fue la pregunta. Lo interesante de esta forma de ver las cosas es que a veces aparecen preguntas que corresponden mejor a esa respuesta que la pregunta original. En ese sentido, el proceso de comunicación no se limita a la transmisión estricta y fiel de un mensaje. Es un estímulo para la especulación en donde hay retroalimentación de la obra hacia el autor, y hay una participación creativa del público.

Pero hay otra metáfora, paralela, para el arte. Es la de considerar la obra como el resultado de un juego en el cual uno tiene que tratar de deducir las reglas que generaron la obra, para luego decidir si la obra fue producto de una buena jugada. Y la contrapartida aquí es diseñar un juego que produzca buenas obras de arte, no importa el nivel de educación artística del jugador. La definición de este juego acepta dos extremos: 1) un juego totalmente abierto en donde las reglas podrían ser: “Usar un lápiz y una hoja de papel y dibujar cualquier cosa”. Y 2), un juego totalmente cerrado en el cual las reglas son: “Tomar este dibujo con zonas numeradas y llenarlo con los colores numerados correspondientemente.”

En el primer juego la libertad es bastante total y el resultado es impredecible, pero el porcentaje de fracaso es altísimo. En el segundo ejemplo, hay carencia de libertad, el resultado es totalmente predecible, y al mismo tiempo la posibilidad de fracaso es prácticamente nula.

El juego mejor, aunque nunca ideal, es uno que tiene una cantidad moderada de reglas, que filtra un máximo de errores (la restricción), pero que maximiza tanto lo impredecible (la libertad) como el éxito de los resultados.

El paralelo social de todo esto es la búsqueda de un modelo de democracia verdadera, con un equilibrio entre las leyes y la libertad. Es una democracia que no permitiría la apertura total correspondiente a una anarquía individualista, libertaria y falta de ética. Pero tampoco permitiría la ausencia de la libertad de decidir, tal cual la define un sistema totalitario. La descripción puede sonar a metáfora, pero no lo es. Las reglas bajo las que operan la producción del arte, la circulación del arte y su recepción, son ideológicas. Por lo tanto las reglas que el artista crea para el juego que produce arte, reflejan bastante precisamente una serie compleja de varias interacciones de poder. Son las que surgen entre el artista y la obra, entre el artista y el público, y entre la obra y el público. Es la falla de no percibir el papel que juega el poder en todo esto, lo que permite que nuestra sociedad pueda suponer que el buen arte es apolítico y elogiarlo cuando lo es. Es esta falla la que permite ver al arte como una actividad separada de la ética. Y es esta la razón por la cual supuestamente el arte tampoco puede ser didáctico.

Hace unas siete décadas, Walter Benjamín en su “El escritor como productor” conectó la didáctica con la calidad artística:

“Un escritor que no enseña a otros escritores, no le enseña a nadie. El punto fundamental, por lo tanto, es que la producción del escritor tiene que tener la característica de un modelo: tiene que ser capaz de instruir a otros escritores en su producción, y segundo, tiene que ser capaz de poner a su disposición un aparato mejorado. Cuanto más consumidores logre poner en contacto con el proceso de producción, mejor será el aparato—en síntesis, cuanto más lectores o espectadores el aparato convierta en colaboradores” ii

Mientras que Benjamin utiliza la relación con otros escritores como una exigencia de nivel, muchos años más tarde el artista conceptual norteamericano Joseph Kosuth, que en cierto modo parafrasea a Benjamín, llega a una conclusión elitista:

“En su extremo más estricto y radical, el arte que yo llamo conceptual lo es porque se basa sobre una investigación acerca de la naturaleza del arte. De modo que no se trata sólo de la actividad de construir proposiciones artísticas, sino del trabajo y la reflexión sobre todas las implicancias y todos los aspectos del concepto de ‘arte’. [… El público del arte conceptual está compuesto principalmente por artistas, lo cual quiere decir que no existe un público separado de los participantes”.iii

En el mismo ensayo de Benjamin éste también definió al artista como un productor. Mientras que esto parecía ideológicamente razonable para los izquierdistas de su época, lo mismo que cuando algo más tarde se insistió en llamar a los artistas “trabajadores de la cultura”, ambos términos sufren del peligro de la reificación. Ambos aceptan la cosa que tiene un mensaje como determinante de los valores con que se juzga esa cosa. Diría que en arte es mucho más importante hacer conexiones que generalmente se suponen no posibles, que fabricar productos.

Diría que lo primero que estamos considerando aquí no son los productos sino los valores mismos y el proceso de juicio que los acompaña. De otra forma no estaríamos discutiendo las formas de producción y de circulación a los que se refiriera Fraser en la cita que leí antes. De hecho, Benjamín tampoco hablaba del oficio del escritor en términos de su técnica, sino de su “compromiso”.

Para Benjamin “compromiso” era una palabra compleja que trataba de incluir todo el peso de la conciencia social, de la militancia y de la claridad de las metas para un mejoramiento de la sociedad. Es decir, trataba de cuestionar el sistema de valores bajo el cual se juzga a los objetos, y el autor o artista como productor no era meramente un creador de productos.

Pienso que todo esto es más importante que el aprender a pintar o a hacer un video o, más en general, aprender el “como” hacer, que es la base de la enseñaza artesanal. Es el “que” hacer y para “quien” se hace lo que viene primero. En uno de los ejercicios que utilicé en el primer período introductor de arte en mi universidad, traté de discutir estos temas. Le pedí a la clase que creara un humanoide que luego sería quien encargaría obras de arte. El personaje, con algunas características humanas pero arbitrarias, era creado colectivamente. En el pizarrón, cada estudiante tomaba turno para agregar una parte del cuerpo. Como resultado la criatura terminaba con colas, varios brazos, antenas, tres ojos, etc., generalmente reflejando los prejuicios estereotipados que el estudiantado tiene con respecto al extra- terrestre. Luego analizábamos a la criatura en términos de cómo sus atribuciones físicas afectaban su percepción de la realidad (como se escucha un sonido con tres orejas, como se afecta la concepción y percepción de la perspectiva si se tienen muchos ojos, etc.). A partir de esto tratamos de ver que tipo de interacción podía haber entre ellos como grupo, que sociedad se podía deducir de la información que teníamos, que cuerpo de leyes los regía, que tipo de arquitectura les servía, etc. Más que nada, tratábamos de deducir que valores informaban a esa sociedad: que cosas eran positivas y cuales negativas, que era castigable y como se castigaba, y que era recompensable y cuales eran las recompensas. Todo este proceso era armado para lograr identificar el gusto estético básico de esa sociedad: que colores, formas, texturas, contenidos y dimensiones tenían una carga positiva y cuales de ellas una negativa. Y también que función cumpliría para ellos una obra de arte satisfactoria.

Con todo esto estudiado y la clase puesta de acuerdo, los estudiantes pasaban a ser productores de arte mercenarios para esta sociedad. La iniciativa del artista estaba completamente subordinada al público elegido. Tenían que producir obras totalmente ajenas a sus gustos e intereses individuales, para solamente satisfacer los de esta sociedad formada por las nuevas criaturas. La idea de “adquisición” era muy relativa, dado que esa sociedad ni necesariamente tenía dinero ni forzosamente creía en la propiedad privada. Los medios que se elegían dependían exclusivamente del sistema sensorial del humanoide, no del artista, y la ubicación de la obra correspondía a las nociones de espacio determinadas y utilizadas por esa sociedad. Cómo y que estímulos eran usados, dependían solamente de los valores bajo los cuales operaba esa sociedad. Lo único que se daba por hecho en el ejercicio era que tanto el artista humano—un esclavo en esta sociedad—como la obra, eran descartables. En caso de desagrado, y sin quebrar regla ética de ninguna especie, el artista y la obra podían ser destruidos.

En una de mis clases, una estudiante de bastante edad, pidió la palabra después de terminar su proyecto. Nos contó que su marido, un pintor de paredes, había formado parte del equipo que borró el mural que Diego Rivera hiciera en el Rockefeller Center en 1934. Rivera había incluido un retrato de Lenin en el mural. Rockefeller exigió que lo borrara, y Rivera se negó. El marido de la estudiante había vuelto a la casa comentando los hechos y diciendo: “La pintura realmente no era tan mala”. Claro que se podría afirmar que Rivera no entendió que aquí no era más que un artista mercenario contratado por una sociedad de humanoides.

Pero la anécdota también sirve para discutir, en forma menos simplista, los problemas de comunicación entre el artista y su público. Rivera quiso educar a un público nuevo sin conocer o aceptar las reglas de ese público. Una de las reglas era justamente que el propietario del contexto último de la obra de arte determina su destino y su función, y aquí el propietario era Rockefeller. Y Rockefeller no quiso que Rivera se pusiera en comunicación con el público que él quería, o por lo menos que le dijera lo que quería decirle. Y todo esto, estas relaciones y como discutirlas, también es enseñable.

Vuelvo entonces a mis creencias del principio: que el proceso de educación de los artistas en el día de hoy es un fraude, y que las definiciones que se utilizan hoy para el arte funcionan en contra de la gente. El error mayor en la estructura de la enseñanza del arte entonces parece ser la ignorancia de sus contradicciones. Existe una estructura diseñada para enseñar arte, pero el mercado es incapaz de absorber a los que se gradúan de esa enseñaza. Existe una estructura diseñada para enseñar arte, pero es una que está acompañada por la presunción que la creación artística no es enseñable. La forma más cómoda y barata de resolver estas hipocresías sería la eliminación de la estructura y olvidarse del problema. La más difícil, cara, pero responsable y ética, es enfrentar la misión del creador en lugar de la del artesano, y educar a la sociedad para que reconozca y financie esa misión.

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Luis Camnitzer*

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* texto de la conferencia del artista en el marco de su exposición en el Museo de Arte de la Universidad Nacional. Bogotá, marzo de 2012

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notas

i Gregg Bordowitz, “Tactics Inside and out,” Artforum 9.2004, p.215

ii Walter Benjamin, “The Author as a Producer,” Understanding Brecht, Verso, London-New York, 2003, p.98

iii Art & Language #2, 1970, p.3

1-¿En qué consiste la obra con la que participa en The Ungovernables? ¿Cuál es la intención de este trabajo?

La obra que presente en el New Museum es un grupo de vasos pegados contra la pared. Su titulo es eavesdropping y busca rescatar ese gesto de escuchar a traves de las paredes las conversaciones de los vecinos con un vaso. Es parte de una serie de trabajos dedicados a la figura de quien escucha.

2-Podría explicar la relación entre esta obra y la pieza con la que participo en la exhibición en CIFO.

Si bien las dos obras son diferentes las dos toman tecnologias de comunicacion muy caseras, como es el juego del telefono de latitas o el vaso contra la pared. En el caso de CIFO es una obra que tiene mas que ver con el dialogo ya que se puede usar para escuchar o tambien para hablar. Claro que es un dialogo un tanto complicado porque es muy dificil adivinar quien habla y quien escucha y en que telefono lo estan haciendo.

3-¿Qué opinión le merece la exposición The Ungovernables?

Para mi es una exposicion muy honesta, profunda y leve al mismo tiempo y con muchisimas obras muy buenas. Tambien me sorprendio la calidez humana tanto de los artistas involucrados como de la curadora. Yo creo que esto es reflejo de Eungie  Joo y la manera en que trabaja. Para mi es un verdadero honor haber sido invitada y poder mostar mis piezas en el contexto de esta muestra.

Julio Le Parc, Photo: Oriol Tarridas

Julio Le Parc is from Mendoza, Argentina. Born 1928-

Julio Le Parc studied at the Escuela Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, from 1943 to 1947. Lucio Fontana was among his professors. In 1958, after a second period at the Academia Nacional that began in 1955, Le Parc received a study grant from the French government. He moved permanently to Paris, where he met Victor Vasarely. Soon thereafter, Le Parc began establishing the core principles of his own research in to the possible interaction between light, color, and movement. He criticized what he considered the asystematic character of op and kinetic art and established, in 1960, the Groupe de Recherche d’Art Visuel (GARAV), which included François Morellet among its members. In 1963 GRAV organized a suite of events, grouped under the title L’Instabilité (Instability), that involved the creation of labyrinths and was designed to promote collective participation. The conjunction of Le Parc’s experiments in light and color and GRAV’s situationist bent led in 1966 to the collective work Une Journée dans la Rue (A Day in the Streets). Interrupted by the police, the event would have involved triggering a set of situations in different parts of Paris. In 1966 Le Parc won the Grand Prize for International Painting at the Venice Biennale, and in 1967 was made a Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres by culture minister André Malrauz. In May 1968, the year when GRAV dissolved, Le Parc took part in the so-called “peoples’s workshops,” for which he was ordered out of the country; the measure was later revoked thanks to the protests of a group of French intellectuals. The first major retrospective of his work took place at the Kunsthalle Düsselforf in 1972.

Julio Le Parc, Photo: Oriol Tarridas

Our most recent exhibit which closed March 4, 2012 had been on display at our CIFO exhibition space in Downtown, Miami since Art Basel 2011. It is held once a year and is a selection carefully curated by guest curators. This past exhibit was curated by our new Director, Jesús Fuenmayor and co-curated by Philippe Pirotte.

The works are conceptual works of art from the 1960s through the late 1980s from Latin American artists and international artists. In the exhibit, Frames and Documents, the works speak to us of a time when artists began to abandon the traditional forms of expression and emphasized the use of ideas and text as a medium. This shift is a result of artists dealing with their own struggles such as political strife, civil unrest, or the fight for equality.

–Ella Fontanals-Cisneros, President CIFO

Eugenio Espinoza guides visitors through the Cifo art space in Downtown, Miami and talks to them about his own work which was on exhibit and his contemporary art process that he began in the late 1960′s. The recipient of several prestigious awards, Espinoza continues to push the boundaries of Latin American abstract art.

Biography

Eugenio Espinoza was born in 1950, in San Juan de los Morros, in central Venezuela. From 1966 to 1974, he studied at the Escuela de Artes Plasticas Cristobal Rojas and the Instituto de Diseño Newmann-Ince in Caracas. From 1977 to 1981, he lived in New York where he studied at Pratt Institute, New York University and the School of Visual Arts. In 1972, Eugenio Espinoza exhibited cut and folded canvases at the Museo de Bellas Artes and his “Impenetrable” at Ateneo de Caracas. His later conceptual works include found objects and photography. In 1985, he represented Venezuela at the Bienal de Sao Paulo. His work in included in the collections of the Galeria de Arte Nacional, Museo de Bellas Artes, and Museo Alejandro Otero in Caracas; Museo de Arte Contemporaneo in Sao Paulo, Brazil and Museo de Arte Moderna, in Rio de Janeiro, Brazil. Miami Art Museum, in Miami, Florida; and several prestigious private and corporate collections. Awarded CIFO Grants and Commissions in 2007 and Pollock-Krasner Foundation 2010-2011 Grant.

Eugenio Espinoza, Untitled, 1972, Acrylic on postcards, 5 3/4 x 4 inches, each

Artist Statement
Created in 2004, these drawings are “edited” using a simple Imac and an old fax machine. Initially, I would draw basic forms on the screen and then add texts from the novels of Juan Rulfo. Once I had the composition resolved, the drawing was printed and passed through a fax machine. The negative image produced by the fax film was then transferred onto paper with a hot iron. This process was repeated using the photographs of my work I took in the 1970s. As I started to question the subject matter of my work, I came to the conclusion that instead of representing contemporary reality, or another reality, it would be best to use the images and concepts of my own work since this would both give it continuity as well as present them as new works. The graphic process and reproduction of these images was a means to create new drawings.

On Saturday, March 3, 2012, Artoconecto and CIFO Space held a Kid’s Workshop with Artist, Agustina Woodgate.

Introduction of the exhibit to the children:

The performance artist showed the kids how they can make alternative forms of Art using alternative methods of thinking. The kids were asked to bring in with them an article of clothing that they have worn. The children brought shirts, pants, dresses and even socks! The focal point of the workshop was geared to create a correlation between the past exhibit Frames and Documents: Conceptualist Practices, which was on view until this past Sunday, March 4, 2012. The collection, a selection from the Ella Fontanals-Cisneros Collection of Latin American abstract art, included works by artists who have challenged our ideas about Art. These artists from all over the globe include Eugenio Espinoza who enjoys making installations of black lined fabric, the late Cuban performance artist Ana Mendieta whose provocative work entices the mind, and the social statements found in the works by the legendary Barbara Kruger.

The children were informed of a new way to come up with solutions in generating artwork.

The artist presented her own work to the children. She unfurled a bundled up mass to reveal a colorful and large, circular rug made from the “skins” of discarded stuffed animals. Agustina explained to the children that they could make new objects from old ones. For example, she gave a new function to the stuffed animals which had been used formerly by their owners in implementing them as a utilitarian object such as a rug for a new use.

The artist explained that their work should be inspired from the exhibit they saw.

Agustina led the children through the exhibit and focused on a few art works. One which was of particular interest to she and the children was that of Eugenio Espinoza. His work is one where he has ameliorated the function of what you think you saw by its reinterpretation and reintegration into a new object for visual language and usage.

The kid’s ranged in age from 5-12 and comprised of girls and boys.

The Artoconecto and Cifo staff aided the kid’s in handling needles to thread yarn which generated newly-revamped textiles.  Some kids used their “new” objects to transform them into utilitarian objects, necklaces as objects for décor, art pieces like sculpture and experimental abstract works. What excited the kids the most was the freedom they felt in not having to conform to a singular aesthetic, rather they focused on thinking  “outside of the box” to come up with creative and insightful ways to meet the challenge they were dealt. They really enjoyed themselves as they were free to explore a new way to view art.

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